‘Fe de etarras’: el cuento tragicómico del fin de ETA

Netflix ha estrenado por fin su polémica ‘Fe de etarras’, y decimos polémico no solo por la temática, compleja y aún con las heridas sangrando, sino por toda la oleada de críticas que trajo consigo el cartel promocional desplegado en San Sebastián. Si bien era uno de los estrenos otoñales más esperados de Netflix España, ha resultado ser menos espectacular de lo que creíamos.

Un grupo de afiliados a la banda terrorista ETA se reúne para realizar un atentado. Si bien la banda ya rumorea su cese al conflicto armado, aún hay integrantes que siguen fielmente comprometidos con la causa. Provenientes de distintos comandos e incluso del exilio, ellos no se rinden y siguen luchando por Euskal Herria. Protagonizada por Javier Cámara, Julián López, Miren Ibarguren y Gorka Otxoa, la película nos enseña el día a día de unos etarras, esperando la alerta del líder para pegar un golpe durante el Mundial de Sudáfrica.

En mitad de una España emocionada, los integrantes de la banda intentan pasar desapercibidos en el barrio en el que permanecen ocultos, comprando una bandera española y colgándola en la ventana. De manera silenciosa, maldicen y reniegan del país, hablando de una lucha entre susurros, porque la lucha por Euskal Herria también se encuentra en las pequeñas cosas, como por ejemplo, ir con el equipo contrario durante el mundial que ganó España.

Más que una comedia, la película arrastra melancolía, la pena de un terrorista que vivió la época dorada de su causa y ahora se enfrenta al fin. Borja Cobeaga rompe las fronteras del humor y se ríe del terror, buscando un lado humano y patético sobre los integrantes de una banda terrorista. Con problemas humanos, como la de una pareja que trata de decidir si su relación va mas allá de un encuentro del momento, o renegar de las raíces de tu propia familia, los cuatro son mucho más que unos terroristas de ETA, son personas que han perdido su camino y tienen su destino por escribir.

Aunque más que una comedia parece un drama aderezado con sarcasmo, la película cuenta con gags sobre el mundo del terrorismo, lo que a algunos les resulta osado y a otros un enfrentamiento al miedo: “El IRA es nivel top” o “Antes en ETA se comía de la Hostia”, decía el personaje de Javier Cámara, ironizando la situación y descontextualizando la realidad de una banda terrorista hasta casi ridículo. Al final, la risa es la única forma de ganarle a la crueldad.

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