Stranger Things 2: el esperado regreso descafeinado a Hawkins

El pasado viernes, Netflix estrenó la segunda temporada de Stranger Things, uno de sus productos estrellas que sorprendió y revolucionó el mundo de las series el verano de 2016. Enamorados de sus personajes, de su aire nostálgico de los ochenta y de una trepidante historia de ciencia ficción, la comunidad seriéfila había marcado con rojo el 27 de octubre en sus calendarios, cuando por fin podrían ver los nueve capítulos que componen esta nueva temporada.

Con Halloween a la vuelta de la esquina, la temporada se ambienta en esta época del año, a punto de cumplirse un año del incidente que sobrecogió Hawkins. Un año sin Once. Un año del Demogorgon. Intentando continuar con sus vidas, no todos son capaces de volver a la rutina. Mike echa de menos a Once, Nancy es incapaz de olvidar la muerte de su amiga Barb y Will sufre alucinaciones tras su paso por el mundo del revés.

La trama de esta temporada nos lleva de nuevo a los misterios que ocultan el laboratorio y ese extraño mundo, cuyos habitantes parecen acercarse más y más al plano de Hawkins. Sin embargo, esta temporada no consigue desvelar grandes misterios ni producir grandes giros de guión. Continúa una línea que ya habíamos visto durante la primera temporada, que gusta pero ya no sorprende. Atención amigos, porque vienen los spoilers.

Como todos sospechábamos, Once estaba más cerca de lo que creíamos. Oculta en la casa de Jim Hopper, la chica se esconde de los agentes y espera a que algún día las aguas se calmen para volver a reencontrarse con sus amigos. Sin embargo, el paso de los días no consiguen traer esperanza a Once. Las constantes ausencias del policía alteran a la chica, que se sumerge en un viaje para descubrir su pasado. Once, o Jane, se adentra en uno de los nuevos misterios que esperamos se aborde en una casi confirmadísima tercera temporada: hay más como ella.

Por otro lado, Will no parece recuperarse de su experiencia en el mundo del revés. Recordemos como en el último capítulo de la primera temporada, el chico escupía lo que parecía una larva. Poco a poco, los monstruos se adentran en Hawkins y ahora Will es capaz de sintonizar con todo lo que ocurre en el otro plano. Pero, ¿de qué parte está?

Llevábamos un año esperando esta temporada, un año de grandes sorpresas. Sin embargo, el resultado de estos nueve capítulos no podría tildarse de satisfactorio. La fórmula se repite y no avanza. Tal vez le pedimos demasiado a nueve episodios y tantos personajes, pero todo parece haberse sucedido en un suspiro. Tramas que se estancan y no se resuelven. Personajes planos que no aportan. Y pensar que Steve, a quien no soportábamos, consigue atraer nuestra atención en los últimos tres capítulos de la temporada.

Tal vez sienta un poco de decepción. Esperaba una temporada llena de sorpresas y, en líneas generales, el procedimiento de toda la serie parece repetirse una y otra vez, ya sea con los mismos o distintos personajes. Por ejemplo, la llegada de Mad Max, la nueva chica del grupo. ¿No os parece que el odio sin razón que siente Mike por ella es igual al que Lucas sentía por Once?  De nuevo, la casa de Will se convierte en un escenario de locura, un mapa de Hawkins diseñado desde el mundo del revés. Will, al que parece que le ha mirado un tuerto, sigue siendo el imán de todo lo malo que ocurre en la tierra, acompañado por una histérica madre que sigue sobreprotegiéndolo. O el triángulo amoroso formado por Nancy, Steve y Jonathan, que se ha convertido en un círculo vicioso lleno de cliché.

Lo que resultaba ser una serie original, ha caído en una fórmula que se repite. Y eso, desgraciadamente, le resta a la que parecía una historia increíble. Puede que esperásemos un gran golpe final para que se hiciera justicia por la muerte de Barb que, en mi opinión, ha resultado un tanto descafeinado. Puede que este siendo demasiado dura, pero, ya sabéis, los amigos no mienten.

Sin embargo, hay algo que le salva. Mientras, por un lado, tenemos personajes planos que cansan y que no evolucionan, tenemos pequeñas sorpresas que nos asombran. El tándem Dustin y Steve nos encantan, una unión de opuestos que se atraen gracias a un ambiente desenfadado que propicia una relación encantadora. Haciendo las veces de hermano mayor, Steve parece estar destinado a ser el guía de Dustin en su fase preadolescente, hacia donde se lanza como una locomotora.

La llegada de Max, una chica diferente guerrillera con alma de aventurera nos apasiona (y no entendemos como algunos se niegan a aceptarla en el grupo). Y luego están Hopper y Once, que protagonizan la mejor relación paternal de la serie. Lo que muchos soñaban en la primera temporada, se confirmaba en la segunda, donde vemos como estos dos personajes solitarios y llenos de heridas emocionales, se protegen entre ellos.

Como resultado, la segunda temporada parece un aperitivo de lo que debería ser una gran temporada. Nos hemos encontrado con nueve capítulos que avanzan a paso de tortuga, todo dispuesto a una mejor interacción futura. De esta manera, depositamos nuevamente nuestra fe en una tercera temporada, aunque con cierto recelo.

Lo que nos sigue encantando, es jugar a los misterios con Stranger Things. Y no precisamente con lo que desarrolla dentro de la trama principal, sino a los múltiples guiños a la cultura popular que podemos identificar en la escena. Indiana Jones, Aliens, Cazafantasmas, Poltergeist, ET o Star Wars son algunas de las películas que podemos identificar a lo largo de los episodios.

A Stranger Things le ha faltado valor para convertirse en la revolución de 2017. Le ha faltado originalidad, profundidad en los personajes y capítulos. Demasiados pocos capítulos si queremos adentrarnos de lleno en Hawkins. Mientras tanto, tendremos que esperar una nueva temporada con nuestros jóvenes aventureros. La sombra del Demogorgon es alargada y se cierne sobre Hawkins.

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