‘La Librería’: cine clásico sobre las crueldades de los sueños

Soledad. Silencio. Olor a libro nuevo. Paisajes entre flores y rumor de las olas. La nueva película de Isabel Coixet, ‘La Librería’, nos traslada a un pequeño pueblo en el que la vida pasa despacio y la literatura se convierte en un pequeño motor de cada día. Basada en la novela homónima de Penélope Fitzgerald, Coixet nos descubre la vida de Florence Green (Emily Mortimer), una viuda que abandona su hogar de Londres para mudarse a Hardborough, un pequeño pueblo costero en el que decide abrir una librería. Su gran pasión, la lectura, la sumerge en otros mundos y la aparta de su soledad, un sentimiento que quiere hacer llegar a otros gracias a su pequeño negocio. Pero, ¿está aquel lugar preparado para una librería?

El calor de la compañía se encuentra a través del pasar de las hojas, de las historias. Florence recuerda cómo su marido le leía novelas, cómo se reían y lloraban. Florence quiere mostrarles a otros esa oportunidad a través de una pequeña librería en la que quiere reunir clásicos para todos. Sin embargo, el edificio que habita es el deseo de una señora poderosa, la señora Gamart, que desea convertirlo en un Centro Cultural de la Artes. Al sueño de Florence se le contraponen los planes de una persona con contactos que no dudará en hacer todo lo que pueda para conseguir su propósito.

Los silencios son un constante, que ayudan a ilustrar el lento pasar del tiempo o acompañan los paisajes para mostrarnos conversaciones. Lo importante son los senderos que discurren, las decisiones y el empeño. Llevar Lolita a un pequeño pueblo, enseñar Fahrenheit 451, educar a una niña en un mundo racional donde lo importante es el dinero. Florence sueña entre libros y vive a través de su librería.

Florence conoce a un hombre que ama los libros, que desecha opiniones y ser forja la suya. El señor Brundisher (Bill Nighy) vive a través de los libros, como ella. Es esa forma de vida lo que los atrae de forma inocente, un recuerdo dulce entre novelas. Y esa pequeña niña, esa ayudante, es la visión cruda de la realidad, que aprende a percibir la verdad de los corazones más allá de lo que desearíamos que la sociedad fuese.

Esta película de sabor agridulce nos enseña la belleza de los libros, del amor, pero también la injusticia y cómo se pueden romper los sueños por mucho que peleemos por ellos. Es un relato con moraleja, con venganza, con dolor y con aprendizaje. Porque de todo se aprende. Porque todas las experiencias son importantes, acaben bien o mal. Porque lo importante es apostar por lo que se quiere.

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