‘Verano 1993’: recuerdos infantiles de un doloroso verano

Por el nombre ya nos viene la referencia de que fueron unas vacaciones veraniegas inolvidables. Y sí que lo fueron, pero no de la manera que hubieran querido. Frida, una niña de apenas seis años, sufre la pérdida de su madre a una edad muy temprana, en mitad de un verano convulso en el que toda su vida iba a cambiar de golpe. Una última decisión, aleja a la niña de la familia a la que se siente más unida, sus abuelos y sus tías que viven en Barcelona. La carta que dejó su madre, la lleva a vivir a un pequeño pueblo junto a sus tíos y su pequeña prima Ana. La joven no llora, apenas se queja levemente. Vive en un silencio eterno, reclamando la atención de aquellos a los que se siente más unida. Llorando callada su soledad.

La ópera prima de Carla Simón es un retrato de su vida, en el que refleja los sentimientos por la pérdida de su madre. Es un viaje a las profundidades emocionales, a la mentalidad de un niño que quiere llamar la atención, que echa de menos y siente soledad. ¿Por qué otros tienen derecho a tener lo que quieren? Frida bucea por el mundo que ella conoce, el de los niños. De fondo, el eco de las conversaciones de adultos, que deciden por ella sin consultar. Y su mirada fría, misteriosa, a través de la que nadie es capaz de leer.

Laia Artigas, la pequeña Frida, mucho nos recuerda a una joven Ana Torrent en ‘Cría Cuervos’ o ‘El espíritu de la colmena’, niñas con una mirada penetrante que dice mucho más que la propia historia. A veces peca de excesivos silencios, esperando un poco de acción, adivinar cuál es el siguiente movimiento. No esperes grandes acciones. ‘Verano 1993‘ es un viaje emocional por la aceptación de la muerte y por el trayecto de una niña hacia enfrentar sus propios sentimientos.

Durante el relato, vemos cómo evoluciona la historia, desarrollando su comportamiento, ahondando poco a poco en pequeños trozos de verdad. Porque, al final, la trama principal es la evolución emocional de Frida y, como ella, solo oímos pequeños trozos que completan una historia compleja, el mundo de los adultos. A pesar de su luz, de su paisaje de ensueño, ‘Verano 1993’ es una historia dura que se sume en un torbellino de emociones, viajando por las fases del duelo de una niña hasta que acepta su nueva condición.

No hacen falta grandes escenarios. No hacen falta grandes elementos que completen la escena. Los silencios, las miradas y las pequeñas acciones, encajan en el desarrollo de la trama. Bruna Crusí se lleva nuestros aplausos metiéndose en la piel de un personaje complejo, el de la tía, que viaja entre ser comprensiva y estar frustrada, quien trata de devolver a Frida su lugar, el de una niña normal.

Viajamos por un verano nostálgico, en el que la niñez se ve manchada por un terrible acontecimiento. Vivimos un verano que quiere devolverle a Frida su infancia, aceptando un adiós que ojalá no hubiese ocurrido. Volvemos a 1993, donde jugar con muñecos era más importante que los teléfonos móviles. Sencilla, natural y emocional, caminemos con Frida.

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