‘El instante más oscuro’: una lenta incursión por la turbulenta Gran Bretaña

Los rumores de que le dan a Gary Oldman el Oscar por su interpretación en ‘El instante más oscuro‘, son cada vez más sonoros. Abrumada por el batallón de críticas que vienen de Estados Unidos, decidí adentrarme en la película de Joe Wright, esperando comprobar con mis propios ojos que ésta era la película que consagraría a Gary Oldman como el mejor actor. Sin embargo, tras una hora de película, el instante más oscuro fue darme cuenta de que aún quedaba otra hora de más de metraje.

Tal vez esté siendo un poco dura o puede que las expectativas que me había generado la prensa americana me han ocasionado una auténtica decepción. ‘El instante más oscuro’ nos traslada a los inicios de la Segunda Guerra Mundial, concretamente al momento en el que Winston Churchill (Gary Oldman) es elegido como Primer Ministro Británico. Hitler asola Europa y promete arrasar también con Gran Bretaña, que lucha protegiendo Francia más allá de las aguas que separan la isla del Viejo Continente.

Churchill, conocido por su mente y su carácter, se enfrenta a la difícil situación por la que pasa el pueblo británico. Entrar o no entrar en la batalla, esa es la cuestión. Desde luego, la película apuntaba maneras. Poder ver los momentos turbios y la acción dentro de un Gabinete de Guerra, observar el peligro sobre las tropas. Sin embargo, el film queda reducido a un conjunto de peroratas, susurros a las espaldas del Primer Ministro y alaridos provocados por el carácter de Churchill. Un gran proyecto, reducido acciones que se producen muy lentamente.

La película resulta un cúmulo de citas célebres, tensión y una actuación histriónica. Desde luego, si Gary Oldman se lleva el Oscar lo será más por su trayectoria profesional que por este papel que, sin lugar a dudas, no es de los mejores que ha interpretado. Mucho maquillaje y exageración interpretativa. Monólogo tras monólogo, vemos los días pasar y la duda en los ojos de Churchill tras los cientos de paseos de aquellos que conspiran a sus espaldas.

Una bonita escenografía y grandes planos que nos asombran. Una trama que se estanca y que se resuelve con poco ingenio. Una acaba viendo la película y exclamando “qué lástima”, porque podría haber sido un gran film y no llegó a serlo. Porque aunque la intención del director fuese la de inspirarnos a todo para seguir nuestras convicciones con moral e inteligencia, acaba convirtiéndose en un suspiro de alivio cuando llegan los créditos finales.

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