La distancia y el tiempo son tu mayor enemigo a 10.000 km

¿Funcionan las relaciones a distancia? ¿Existe la posibilidad de llevar bien una relación cuando no se puede tocar  a esa persona? ¿Es la espera algo que se pueda sobrellevar? Entre los distintos tipos de relaciones que existen, encontramos una que señala uno de los puntos de mayor controversia, en el que tienes que aprender a vivir una relación en la que el espacio y el tiempo son tu peor enemigo. Espacio, porque a día de hoy no existe la teletransportación y no puedes estar a su lado cuando lo desees. Tiempo, porque a no ser que estés muy bien organizado, hay veces que tienes que esperar para reencontrarte con esa persona sin saber cuando puede ser la próxima vez. ¿Cómo se vive algo así?

10.000 km y un año. Esa es la distancia y el tiempo que separan a Alex (Natalia Tena) y Sergi (David Verdaguer), una pareja que reside en Barcelona y que comienza la búsqueda de su primer hijo. Sin embargo, un email cambiará por completo las ideas de ambos, teniendo que aplazar todos sus planes hasta un año más tarde. Alex recibe la oportunidad de realizar un proyecto de fotografía en Los Ángeles durante un año entero, el sueño de su vida cumplido en tiempos de crisis económica y falta de empleo. Ante la decisión de irse, la pareja tendrá que esperar para volver a estar juntos y retomar sus futuros allí donde habían comenzado aquella mañana, mientras, Alex vive su sueño y Sergi estudia para unas oposiciones.

La película nos adentra en sus primeros 20 minutos en el prólogo de esta historia. Una secuencia grabada completamente  sin cortes, donde parece que cada uno de esos momentos sea real. La vida de estos personajes nos engulle y nos hace partícipes. Rutina y realidad se entremezclan y nos muestran la comodidad de una pareja y el miedo ante un cambio repentino. ¿Puede una pareja consolidada que vive bajo el mismo techo separarse durante un año entero? ¿Cómo puede ser que la vida cambie en cuestión de segundos? La de cambios que se pueden producir mientas dos personas desayunan.

Sergi y Alex comienzan la aventura de la separación con bastante ánimo, bajo el pensamiento de que el tiempo pasará con premura y aquella distancia quedará en el olvido. El montaje, espectacular, nos deja pequeños trazos sobre la historia de ambos cada ciertos días, la lucha por adaptarse a los horarios del otro, la soledad, el lag en las conversaciones, las pequeñas cosas del día a día, el miedo, las rutinas que se pierden por otras demasiado distintas. Alex debe enfrentarse a una nueva vida y Sergi debe acostumbrarse a la soledad, cuando el olor de su pareja aún se respira en cada pequeño rincón de su hogar.

Poco a poco, Alex comenzará a sentirse más y más cómoda en Los Ángeles y Sergi, ante las continuas decepciones, más solo. Pronto comenzarán a olvidarse ciertas citas para comer, no existirán mas novedades que contar y solo el dolor y las ansias por ver al otro se mantendrán durante sus conversaciones. Comienzan las riñas sin sentido como remedio al no poder decir más “te echo de menos”, porque suena demasiado usado. Alex se siente entre la espada y la pared porque no sabe qué es más importante, si su sueño o su amor. Sergi solo quiere tenerla de nuevo entre sus brazos. El ordenador se convierte en un elemento imprescindible para la relación, amigo que te deja ver al otro y enemigo que no es suficiente porque no te permite sentirlo.

No hacen falta más que dos para contar esta historia. Dos y ese ordenador que acaba siendo una cámara de más al mundo de ambos. Elementos conocidos por todos sirven también para relatar esta historia. Google Maps o Facebook también nos muestran parte de su universo e interactuán con ambos. También tenemos la cámara de Alex que deja rastro de cada uno de sus descubrimientos, culpable de una separación pero protagonista de un sueño.

La tensión se genera cada vez más y más. Los reproches acaban convirtiéndose en su nueva rutina y, entorno al día 181, Sergi no aguanta más. Demasiado tiempo sin sentirla. Tiene que verla de nuevo. Mientras el sueña con el día en que volverá, Alex comienza a pensar en quedarse. De nuevo, otro choque. ¿Qué pasó con sus planes?

Y allá donde una escena de sexo nos abrió las cortinas a esta historia, ahora se cierra con otra escena de necesidad física y miedo ante la incertidumbre. Ninguno de los dos pensó que todo podría cambiar en un año ni que su futuro acabaría tan ensombrecido por las dudas. Final abierto para el espectador que decidirá si, tras tantos días de separación y dificultades esta pareja será capaz de seguir adelante. ¿Es el sacrificio de uno de los dos una salida? ¿Se puede renunciar a un sueño? Finales agridulces, como la vida misma.

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