‘La forma del agua’: la bella fábula sobre la compasión

Guillermo del Toro, ese loco amante de la fantasía y el terror, siempre en capaz de llevarnos a los rincones más insospechados para hablarnos de humanidad y sentimientos puros. Aclamada por la prensa y el público, el director mexicano es el favorito para recoger el Premio Oscar a mejor director el próximo 4 de marzo por su última obra, ‘La forma del agua‘.

Elisa (Sally Hawkins) vive junto a su mejor amigo, Giles (Richard Jenkins), un hombre que sueña con encontrar el amor y ama las películas. El baile, la música y el cine son sus maneras de entender el mundo, apreciando la belleza del arte y de las diferencias. Porque ellos también son diferentes: ella es muda y él homosexual. El mundo que los rodea los margina y desprecia, pero ellos encuentran el apoyo en su compañía.

Es 1963 y Estados Unidos se encuentra enzarzada en la lucha por conquistar el espacio. Elise limpia las instalaciones de unos laboratorios junto a su fiel Zelda (Octavia Spencer), afroamericana, una mujer con gran carácter capaz de poner firmes a quienes se atrevan a contradecirla. La rutina las persigue hasta que al laboratorio llega un nuevo descubrimiento, una extraña criatura marina (Doug Jones) descubierta en Sudamérica.

Nuestra protagonista es curiosa y no se deja amedrentar por las malvadas fuerzas de los Estados Unidos. Lo poco convencional se rebela contra la preestablecido, desarrollando una historia de amor más allá de la comunicación, donde la pureza de los sentimientos prevalece sobre las apariencias. El amor puede contra el poder y todas las barreras morales que se interponen.

Romanticismo y compasión se funden para crear este film, una fábula contemporánea sin edulcorantes. El rechazo de las diferencias nos lleva a esa ‘Bella y la Bestia’ y su “la belleza está en el interior”. Pero su princesa , atrapada y sin voz, no es una mujer que se deje amedrentar por el malvado, sino que es capaz de poner en riesgo todo lo que posee por conseguirlo. Y todos son capaces de amar, por muy diferentes que sean del resto. Todos tienen derecho a ser quienes quieren ser.

‘La forma del agua’ es un canto a favor de las voces marginadas, apartadas de la sociedad y sus diferencias. Un canto a la compasión que a veces peca de cursi, pero cuya estética y fantasía conmueve al espectador. Y el monstruo, esa espeluznante criatura acuática, consigue sacar nuestro lado más humano.

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