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El terror y la poética de Henri Michaux

El Museo Guggenheim acoge hasta el próximo 13 de mayo una muestra del artista Henri Michaux, el reputado artista belga que asombró por su estética, su estudio del movimiento, sus paisajes tenebrosos. En una recopilación de 200 obras, el Museo Guggenheim Bilbao consigue hacer un repaso por la evolución artística del autor, centrándose en la complejidad de su mensaje y de su técnica, convirtiendo las salas en un paseo por la mente de Michaux. Un viaje hacia la expresión de aquello que no puede expresarse. Un viaje psicodélico hacia lo más profudo de la psyque humana.

En una fase temprana, a los 25 años Henri Michaux descubre la pintura.Dibujando sobre fondos oscuros, descubrió que las formas que dibujaba en el papel, estudiando el movimiento, a veces parecían rostros terribles que observaban fijamente desde el lienzo. Poco a poco, comenzó a jugar con los paisajes tenebrosos, mostrando así el terrible dolor que asolaba Europa, guerra tras guerra, conflicto tras conflicto. “Haga lo que haga, siempre aparecen rostros”, llegó a decir Michaux, refiriéndose a esos fantasmas que aparecían en sus obras.

 

Más adelante descubrió la caligrafía china, lo que lo llevó a hacer un estudio del movimiento a través de la tinta negra. Inventaba idiomas, pequeñas formas que se movían poco a poco, que ocultaban mensajes en sus dibujos. Pronto, el pincel pasó a un segundo plano y la mancha cobró importante. Una mancha negra que se movía, que no cesaba en llenar el fondo blanco. Letras imposible, idiomas abstractos llenos de poética y tinieblas.

A los 55 años, Michaux comenzó a experimentar con drogas psicodélicas, como la mescalina y el hachís. La intención era ser más consciente de lo que lo rodeaba, de su mente. Este proceso, el recuerdo de esta época de consumo, lo marcó durante el resto de su carrera, convirtiéndose en una estrella influyente del siglo XX y un ejemplo de contracultura. Y es que, aunque el tiempo de consumo de estas drogas fue corto, su memoria quedó atrapada en sueños, sensaciones y sentidos.

Michaux fue una auténtica revolución artística y poética. Lo importante no es su uso de drogas alucinógenas, sino su ambición por intentar explicar aquello para lo que no hay palabras, la profundidad de su obra y su viaje continuo por la mente humana, los sueños y el miedo. No son simples dibujos, son experiencias llenas de emociones. Ahora, el Museo Guggenheim recuerda la obra del autor, sus alucinaciones y sus ambiciones.

Irene del Río Ver todo

Periodista cultural con alma de escritora.

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