‘Desencanto’: rompiendo los cuentos de hadas

El verano nos ha traído múltiples sorpresas en el mundo de las series pero, sin lugar a dudas, la vuelta de Matt Groening a la pequeña pantalla supuso un punto de inflexión el pasado agosto. Desencanto, la nueva serie de animación del creador de Los Simpsons y Futurama, aterrizaba en Netflix entre máxima expectación e incredulidad y, al final, ha tenido opiniones de todo tipo.

Bean, una princesa borracha y con ansias de libertad, no quiere situarse dentro de ese canon Disney, sino que quiere disfrutar de cada minuto de su vida. Carpe diem hecha carne. En su mundo medieval, su papel está claro: casarse para conseguir que el reino se perpetúe y así continuar con el legado de su padre, el Rey Zog.  Aunque parece que el destino no quiere ponérselo fácil. Elfo y Luci, un malvado demonio, serán los acompañantes de la princesa en sus aventuras, que tendrán un papel más decisivo en su vida de lo que piensan. No solo serán compañeros de juergas, sino que le ayudarán a conocerse y a descubrir su papel en este mundo y en su país, Dreamland.

Si la analizamos a grandes rasgos, es divertida, tiene ingenio y chispa, lo que la hace irresistible. La música de su intro hipnotiza y, qué queréis que os diga, tener la tranquilidad de poder bingear la serie de golpe es un puntazo. Sin embargo, la conclusión a la que han llegado muchos es: “no es para tanto”. ¿Por qué? La respuesta es bien sencilla: las comparaciones son odiosas.

Hemos crecido admirando Los Simpsons, una radiografía de nuestra sociedad, ya sea en nuestra rutina más mundana o en los aspectos genéricos más estereotipados. Los Simpsons son el retrato de una familia americana pero que bien podríamos encontrarla en nuestro vecindario. Es la exageración de la verdad y el golpe crítico a que despertemos. No le importa criticar su propia casa ni hacer chistes con la estupidez humana, y a veces inteligente: En esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica.

Los más aventureros han descubierto Futurama y no han podido evitar enamorarse de ella. La que escribe este artículo es una verdadera fanática de esa serie que la cataloga de infravalorada y la exalta mucho más que los Simpsons (para gustos, los colores). Su análisis de los años 80, años 90 y 2000 es magia. Ese capítulo de Abogada Soltera que emula a Ally McBeal, cómo nos toca la fibra cada vez que inspeccionamos el pasado de Fry, o el uso de la ciencia para divertir, que llegó antes que The Big Bang Theory.

Lo que no podemos imaginar es que Groening vuelve a traernos protagonistas con encanto y potencial, aunque con una dinámica muy distinta d la que estamos acostumbrados. Son capítulos lineales, con una evolución marcada gracias a los acontecimientos. No es un éxito, aún no podemos hablar de ello, pero sí tiene un gran potencial. Es distinta y juega a mostrar con los prejuicios de nuestra sociedad actual, así como critica los cuentos de hada de siempre. Bean consigue encandilarnos por ser una heroína distinta, macarra y con ansias de libertad. Elfo es tierno y sencillo (en parte nos recuerda ese lado ingenuo de Fry), y Luci es sarcástico y malévolo (¿Bender?). Aún le queda mucha evolución, algo que en su primera temporada solo nos ha dejado paladear un gran potencial. ¿Conseguirá Matt Groening subir a Desencanto a su podium de éxitos? Aún quedan muchos misterios por descubrir. 

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