Dalí Atómico: la simbiosis del arte y la física

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki cayeron el 6 y 9 de agosto de 1945, fechas que marcaron un antes y un después en la historia, ya sea por los destrozos ocasionados por la Segunda Guerra Mundial como por los daños humanitarios. Dos años más tarde, en 1947, Salvador Dalí expuso en la Bignou Gallery de Nueva York. Allí mostró una obra inacabada, Leda atómica, que significaba la fusión entre el surrealismo y la física.

El Caixaforum de Sevilla acoge la exposición Dalí atómico, organizada por la Fundació Gala-Salvador Dalí y la Obra Social la Caixa, comisariada por Carme Ruiz. La colección de 39 piezas de fotografías, óleos, documentos, bocetos y material audiovisual, permanecerá en la ciudad hasta el próximo 3 de febrero. Todo organizado alrededor de Leda Atómica. De igual manera que se expuso, así podemos contemplarla en la exposición, envuelta en un marco de color negro y rodeada de cortinas rojas.

Una vez más, su esposa Gala se convierte en el centro de la obra, interpretando a la hermosa Leda, protagonista del mito Leda y el cisne. De fondo, un paisaje rocoso, rodeada de elementos de estudio, suspendida sobre el aire. “Nada toca nada” explió Dalí, quien, “estremecido sísmicamente” por el horror de las bombas atómicas, representó el átomo en su obra. Con la mirada en el arte renancentista, Dalí indagó en la proporción áurea, situando a Leda en el centro de una estrella de cinco puntas y un pentágono, medidas que simbolizan la armonía y el equilibrio artístico. He ahí cuando observamos el fenómeno del levitrón, un campo activado por un electroimán, que deja en suspensión todos los objetos.

El interés de Dalí por la ciencia lo llevó a unirlo con su pensamiento surrealista, explorando la mezcla entre la física nuclear y el mundo ensoñado. Gala, su compañera y musa, se convierte en su inspiración y protagonista, plasmada casi a calidad fotográfica. Utilizando papel de calco y fotografía para dibujar las siluetas, le permitió ir trabajando en obras como la Triple aparición del rostro de Gala y otros bocetos que la ayudaron a culminar su obra.

Comienza el abandono del mundo onírico y el paso al mundo científico. La curiosidad de Salvador Dalí era tal pasión que se rodeó de estudiosos en la materia para completar sus obras, convirtiendo al átomo en el centro de su obra. Uniendo el mito con la física atómica, Leda surge como una figura celestial, suspendida en el cielo, sin tocar el suelo. La obra expuesta en el Caixaforum de Sevilla hasta el 3 de febrero, momento en el que viajará al Caixaforum de Zaragoza, supone un punto de inflexión en la obra de autor: volver la vista atrás al mundo clásico con una mirada en la revolución científica.

 

 

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