Bandersnatch: Netflix te hace tomar decisiones

Las Navidades nos han traído el regreso de Black Mirror, la serie que sigue arrasando por sus críticas a la moralidad actual y que desembarcó el pasado 28 de diciembre con un episodio especial en el que tú serás el encargado de escribir el destino de su protagonista. Lo que ya se estaba anunciando desde hace tiempo en el mundo audiovisual, llega a Netflix en forma experimental: si tú eres el personaje principal, ¿qué líneas argumentales te atreves a explorar?

En España ya hemos tenido varias pruebas similares: el final de Mar de Plástico que eligió la audiencia o la webserie de PlayZ ‘Si fueras tú’, donde la audiencia fue eligiendo las opciones que se planteaban al final de capítulo y, por mayoría, se ejecutaba la idea más votada. No, esta idea no es una auténtica revolución en el sector audiovisual. Y más, si hablamos de videojuegos, un sector que ha explorado con gran éxito darle al jugador el papel decisivo en la toma de decisiones de los actos de su protagonista. Heavy Rain, Skyrim e incluso el último Assassins Creed, Odyssey, ofrecen esta posibilidad, ofreciendo múltiples finales, e incluso dando la oportunidad de meterte en la piel del personaje, involucrándote en la historia de tal manera que, realmente, te sientes otra persona.

Stefan (Fionn Whitehead) es un joven amante de los videojuegos con un proyecto asombroso:  Bandersnatch, un juego con el que los espectadores podrán disfrutar tomando las decisiones de cada fase hasta alcanzar el final. Y somos nosotros quienes decidiremos qué camino tomará Stefan, conociendo cada pequeño aspecto de su vida. Hasta cinco horas ha grabado Netflix para configurar esta película interactiva, donde obtendremos diversos finales y lecturas dependiendo de las decisiones que vayamos tomando a lo largo de la misma. Sí o No. Aceptar o Denegar. Matarte tú o Matar a otro.

Pero, ¿qué explora Bandersnatch? Nos da la oportunidad de visualizar aquello que más nos interesa y de conocer aquello que sentimos que nos va a atraer más. O, simplemente, nos da la oportunidad de controlar a alguien. Volvemos a la idea de Matrix, a la de ser controlados por entes. De nada sirve nuestra vida, pues está completamente definida por otro ser, que nos dirige inevitablemente hacia ese destino. Una teoría que, simplemente, consigue profundizar el agobio y la tensión del espectador recurriendo a las preguntas más esenciales de la humanidad: ¿por qué existimos? Tal vez, para diversión de otro ente. Di adiós al libre albedrío.

Por otro lado, también nos ha dado la oportunidad de la teoría de los universos paralelos. ¿Existen otras líneas temporales en las que tomamos decisiones diferentes a las de esta realidad? ¿Cuántas veces podemos equivocarnos hasta dar con la decisión correcta?

Y también es una respuesta a la premisa principal de Black Mirror: el fin de la moral. Porque, al tratarse de una persona irreal, somos capaces de realizar los actos más terribles sin sentir un ápice de culpabilidad. Somos otros, vivimos en otro universo y no hay represalias.

¿Entretenido? Sí, no hay duda. ¿Revolucionario? En mi opinión, se siguen asentando las bases de las series del futuro, pero no es, en ningún momento, el final perfecto de un diseño audiovisual que nos permitirá explorar los múltiples finales y experiencias, algo que, sin lugar a duda, ya ha hecho con gran holgura el mundo de los videojuegos. Ahora, solo te toca explorar tu final.

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