‘You’: ¿justificando la locura de amor o advirtiendo del acoso?

La polémica está servida. Hace unas semanas, ‘You‘, la nueva serie de Netflix, saltaba a la plataforma y llamaba la atención del público. Chico conoce a chica, un encuentro de ensueño en la librería en la que él trabaja, una conversación intelectual, una insinuación sutil y física. De pronto, en la mente de Joe Goldberg, algo estalla y enuncia: esta chica me gusta. Y mientras Guinevere Beck se aleja satisfecha con aquel torpe coqueteo, Joe ya estaba maquinando la forma de conocer hasta su número de la Seguridad Social.

Hablemos claro, Joe es un acosador. Ya puede ponerse la audiencia como quiera, pero este chico tiene problemas. ¿Cómo saber todo de alguien? Cotillear sus redes sociales hasta sacarle toda la información posible. ¿No ha sido suficiente? Pasamos a analizar su rutina diaria, espiándola agazapado entre las sombras. ¿Sigues sin convencerte? Irrumpe en su casa hasta conocer todos sus secretos ocultos. ¿En qué momento podemos justificar que todos estos actos son perfectamente comprensibles?

Vamos a ponernos serios. Parece mentira que todavía haya dudas de que esta serie nos habla del amor ciego de un chico obsesionado. Me sorprende la cantidad de mensajes que hemos leído estos días en redes sociales, justificando los actos más terribles llevados a cabo por el protagonista por el simple hecho de “amarla”. Hasta la jovencísima Millie Bobby Brown, actriz conocida por interpretar a Eleven en Stranger Things, ha defendido arduamente el “está enamorado”, hasta que finalmente se ha retractado. Penn Badgley, protagonista de esta serie, ha sido la voz de la razón, afirmando la evidencia de que su personaje, efectivamente, está loco.

El thriller engancha porque quieres conocer hasta dónde es capaz de llegar con tal de conseguir sus objetivos. Atrás queda el cuento de hadas y, cuanto más se suceden los capítulos, mayor es el torbellino de psicopatía que observamos. Joe quiere ser el chico perfecto para la chica perfecta. Ella es incapaz de saber qué es lo que conviene. ¿Solución? Eliminemos sus problemas por ella. Fácil, sencillo, sangriento y patológico. Y mientras, Beck (Elizabeth Lail) es la viva imagen de la juventud actual, perdida, con grandes sueños y basada en apariencias. Tranquila, Beck, van a salvarte.

Me enerva comprobar que todavía hay chicas que idolatren la idea del príncipe que lo da todo por ellas, incluso cuando hace cosas malas por justificar la felicidad. Solos, él y ella. Y tal vez, por ello es tan necesaria esta ficción, para que alguien alerte de que, efectivamente, esto no está bien. Y, por otra parte, también nos habla de las redes sociales, del peligro inminente al que nos enfrentamos si posteamos absolutamente cada segundo de nuestra vida, así como descubrir que esa imagen en Internet jamás seremos nosotros en la realidad. Porque sí, las apariencias engañan. El chico bueno no es tan bueno. Tu perfil de fiestera puede ser una sombra de la verdad.

La adaptación de la novela de Caroline Kepnes es una auténtica fiesta de giros argumentales, un análisis de una persona con problemas que es capaz de justificarse hasta en última instancia. Escuchamos cada reflexión interna del protagonista, cada descubrimiento, cada plan urdido. Una obsesión descrita al detalle que nos desvela cuán siniestra es la mente de un acosador. Salpicado de pequeños toques de humor, destroza el ideal de enamoramiento americano clásico de película y nos da lecciones y alertas para la sociedad actual. Cuidado con quien tienes a tu lado.

 

 

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