The Umbrella Academy: superhéroes que no terminan de explotar sus poderes

Netflix sorprendía el pasado febrero con uno de los estrenos más esperados del mes, la nueva serie de superhéroes que prometía arrasar en número de visualizaciones y que pretendía acoger a todos aquellos fans que, entristecidos, buscaban un nuevo objetivo de este género tras la cancelación de The Punisher y Jessica Jones. Mientras la factoría de Marvel decía adiós a la gran plataforma audiovisual, parece que por la inminente llegada de Disney, que sí explotará a la factoría, The Umbrella Academy llegaba para sorpresa de todos.

Un día de 1989, 43 bebés nacieron a la vez en extrañas circunstancias. El magnate Sir Reginald Hardgreeves persigue a las familias y trata de acoger a sus hijos; solo logra adoptar a 7 de estos niños, los integrantes de la Umbrella Academy, una institución para educar a superhéroes. Siete hermanos con habilidades extraordinarias, excepto la joven Vanya, que permanece en un segundo plano y alejada de la acción. El paso de los años les llevará a tomar caminos diferentes, hasta que el fallecimiento de Sir Reginald los llevará a unirse de nuevo bajo el hogar que les vio crecer.

Y mientras los chicos son criados por una extraña madre-robot y un mayordomo chimpancé, los jóvenes desarrollan sus habilidades salvando el mundo, desarrollando su potencial pero dejándoles el dolor de no conocer el verdadero cariño de una familia. Entrenados por y para el bien de la humanidad, pero con pocas capacidades para relacionarse con la sociedad y conocer los sentimientos más básicos.

Jeremy Slater adapta para Netflix la saga de cómics escrita por Gerard Way y dibujada por Gabriel Bá, el toque moderno al género de superhéroes que revolucionaba los cómics. Los primeros cinco capítulos son una presentación de los personajes principales y su pasado. Diversión, excentricidad y lágrimas se apoderan de cada escena, siempre aderezado con un puntito de locura. Entretiene y te anima a seguir descubriendo su historia. Sin embargo, trata de aunar demasiada información en poco tiempo, no nos deja encariñarnos con los personaje y no nos deja explorar demasiado su universo.

Lo cierto es que se queda corta. Si tenemos que destacar una interpretación es la de Robert Sheehan en el papel de Klaus (que nos recuerda extrañamente a Ezra Miller), consiguiendo convencer al espectador, haciéndole reír y dejándolo con ganas de más. Por otro lado, las expectativas de contar con una actriz de la talla de Ellen Page acaban por los suelos cuando vemos el poco desarrollo de su personaje, Vanya. Si eres un amante del género, te animamos a que la veas y te dejes llevar por su producción pero, si eres un fan de la saga, puede que no quedes demasiado satisfecho con la adaptación. Luces y sombras que nos dejan muchas preguntas ante una inminente segunda temporada.

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