‘Press’: Hablemos de periodismo

Han pasado ya demasiados años soñando con escribir ese artículo que mantenga en vilo al público. Entré en la facultad con la pasión necesaria para embarcarme en una aventura única, donde el olor a periodismo se respiraba por los pasillos. Recuerdo cada descubrimiento, esa necesidad de saberlo todo, la búsqueda de la noticia perfecta. Y recuerdo también, cada día, las desilusiones. El fin del periodismo impreso, un nuevo modelo de negocio que no llega, los despidos masivos y cierres de medios.

El sueño parece hacerse pedazos, aunque aún hay valientes profesionales que siguen investigando, trabajando contra viento y marea para seguir informando, alejando fake news y desvelando la verdad oculta tras casos de corrupción. Otros se encuentran en lugares llenos de peligro e incertidumbre, informando desde una trinchera sin que nosotros valoremos que está sacrificando su vida para darnos una idea de lo que esta ocurriendo al otro lado del mundo. Y sí, también es periodismo aquel profesional que sigue luchando por que la cultura no sea un asunto de cuatro entendidos, sino un derecho de todos.

¿Son estas palabras fruto únicamente de la frustración? Puede, aunque también de la realidad más cruda. El cine y la televisión tratan de acercarnos a algunos de los trabajos más recientes de la profesión. Spotlight ganaba el Oscar y reivindicaba el papel del periodismo de investigación. The Newsroom nos hacía soñar de nuevo con hacer buen periodismo. Pero Press nos enseña la triste realidad del mundo actual.

La BBC nos acerca a la realidad del periodismo británico, que tampoco difiere mucho de la situación de esta profesión a nivel mundial. El amarillismo se ha comido el terreno de las buenas historias, las ventas importan más que la calidad y la precariedad de medios para hacer un buen trabajo aflora por las esquinas. En Press conocemos la realidad de dos medios, The Post y The Herald. El primero utiliza titulares sensacionalistas, historias macabras. El segundo sigue soñando con hacer un buen trabajo, pero seguir paso a paso la legalidad le hace perder las batallas por ser el primero en sacar la noticia.

A medida que pasan los capítulos, nos adentramos en las tripas del periodista, ya sea por buscar con ahínco la noticia más escandalosa, manipulando a altos cargos con tal de obtener lo que se desea, o ese sentimiento de frustración cuando la legalidad se interpone en el trabajo bien hecho, o te roban una noticia. ¿Es importante que salga un periódico pase lo que pase, incluso por encima del derecho? ¿Ingenuidad o ética? Ese es el gran debate de la profesión junto a cómo podemos hacer los medios de comunicación viables económicamente.

¿Sigue siendo el periodismo el cuarto poder? La miniserie de Mike Bartlett, disponible ahora en Filmin, nos habla de los lobbys, de cómo la importancia de hacer negocio ha superado a la calidad informativa. Y eso nos lleva a la siguiente pregunta: En nuestro tiempo, ¿qué diferencia un medio de otro? La reputación, la verdad y la capacidad de pedir perdón. Porque lo que menos le gusta al lector es sentirse decepcionado. Y, a su vez, la verdad puede destrozar vidas en cuestión de segundos. Una vez es emitido, aunque sea una afirmación a medias, tu honor está manchado para siempre.

Una periodista desencantada con su profesión y un periodista que hace cualquier cosa por vender portada. Esos son los dos puntos de vista principales de la ficción. Conocemos las luces y sombras de cada medio de comunicación. Son únicamente 6 capítulos, pero consiguen atrapar la atención del espectador que, si tiene relación con el periodismo, no podrá evitar seguir reflexionando sobre la situación actual. Lo que está claro es que el Watergate seguirá siendo la manipulación de la sociedad. Y, mientras tanto, la verdad se oculta bajo una palabra: entretenimiento.

¿Para cuándo una historia sobre el periodismo actual en España? Y no me refiero a ese recopilatorio macabro en el que se han convertido los informativos, o la publicación continua de notas de prensa más que la redacción de una noticia. Hablo de ese periodista de investigación anónimo que ahora mismo se encuentra en su mesa, si es que la tiene, con una libreta barata, un bolígrafo mordisqueado y sigue una pista. Sí, esa es la historia.

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