‘Ellas’ (La historia de la princesa y la guerrera), una historia de superación inaugura la jornada documental

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Koke Pérez

El largometraje documental de Virginia Muñoz Jabato ha iniciado la tercera jornada de la sección en el Teatro Echegaray. Una historia de superación personal contada en primera persona por la protagonista, que tras ser diagnosticada de cáncer decide contar la vivencia de su enfermedad a través de su profesión de actriz. Los directores Pablo de Vila y Virginia Muñoz han presentado el primer pase especial de la tarde con un emotivo mensaje hacia todas las personas que han pasado y pasarán por un proceso tan duro como es el tratamiento de la enfermedad de un cáncer. De Vila ha declarado que desde el inicio del proyecto tenía clara la idea de ofrecer de una manera aséptica y profesional, el testimonio de Virginia. Un proceso que sirviera de ayuda a cualquier persona que pase por una situación similar y de esperanza ante la vivencia de la enfermedad desde otro punto de vista. Virginia cierra así, tras cuatro duros años de tratamiento, un ciclo que ella misma denomina “la única manera de dar las gracias” a todas las personas que aparecen en este documental y “desnudan su alma” para apoyar el tratamiento de Virginia, que se ha convertido en una terapia no solo para ella, sino para todas las personas que pasan por un proceso similar.

La segunda propuesta de la tarde centra su hilo argumental en el asesinato del periodista paraguayo Pablo Medina. Su muerte, envuelta en la venganza por sus publicaciones sobre el contrabando de drogas y la corrupción de la región fronteriza entre Paraguay y Brasil, se marcó como la decimoséptima víctima del crimen organizado desde 1991. El cortometraje documental Pesada pluma ha sido presentado por sus directores Pamela Kalkman y Bowie Verschuuren en este segundo pase de la tarde.

Con Las cruces, de Teresa Arredondo y Carlos Vásquez, se revela la participación de la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones (CMPC), en el asesinato de diecinueve trabajadores tras el Golpe de Estado sufrido en la zona de Laja en 1973. Tras casi cuarenta años de ocultación, uno de los policías rompe el pacto de silencio dando a conocer la participación de la compañía privada. Los directores,recientemente galardonados con este proyecto en el Festival Internacional de Cine de Santiago. Chile, han presentado este documental sobre los crímenes de la dictadura militar chilena enfatizando en la necesidad de tratar los casos olvidados que ocurrieron en países sudamericanos como Chile, Argentina o España y utilizar el cine como un canal fundamental en la construcción de la memoria histórica.

Entre Raíles y Para la guerra han cerrado la última sesión de documentales de la tarde con dos coproducciones entre España y Argentina. Delfina Spratt y Alex Puig Ros firman el cortometraje protagonizado por cuatro relatos que reflejan la soledad del trabajo de  maquinista y la responsabilidad sobre los accidentes involuntarios. Spratt ha presentado su trabajo poniendo el foco de atención en la gestión de las situaciones que los protagonistas viven y dejando a un lado el tratamiento morboso o más periodístico de las noticias sobre los accidentes ferroviarios. Javier, Gloria, Alberto y Óscar son los protagonistas de esta historia de contrastes por las diferencias de los cuatro testimonios, y la manera en que cada uno de ellos gestiona una experiencia traumática y la adapta a su vida diaria.

El realizador Francisco Marise debuta en el largometraje con la historia de un soldado internacionalista cubano retirado, que recopila sus recuerdos a través de imágenes VHS y el testimonio de sus amigos. De carácter observacional, en Para la guerra asistimos a un mar de costumbres y registros de un cuerpo marcado por los combates. Marise, refleja la parte más psicodélica de la memoria del excombatiente, a través de los ejercicios y prácticas que Andrés utilizaba en los conflictos de Angola y Nicaragua, en un conjunto de recuerdos que quizá no fueron fieles a la realidad. En palabras del propio director, Para la guerra surge de la casualidad, cuando Andrés invita al director a tomar ron en su casa cubana. Este inicio de la relación, se ve envuelto en el marco de la película Pearl Harbour, que Andrés visionaba en el momento en que Francisco y Andrés inician la exploración de la memoria del exsoldado, con un ‘juego a la guerra’ lleno de sensaciones y recuerdos.

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