Juego de Tronos 8×03: La noche es oscura y alberga horrores

Hemos llegado al equinoccio de la temporada, uno de los momentos cúlmenes que nos ha mostrado una batalla esperadísima por fans de todo el mundo. La gran noche se abre camino hacia Invernalia y lo hace sumida en una gran oscuridad, hielo y olor a muerte. Los caminantes blancos han llegado al hogar de la familia Stark y han venido con todo. Vamos a centrarnos en lo que esperábamos, en el resultado y en lo que nos aguarda en los últimos tres capítulos de la ficción.

El miedo y la ansiedad han predominado durante esta casi hora y media de capítulo. Los caminantes llegaban a Invernalia y lo hacían con todo lo que tenían. La oscuridad y el silencio sus grandes aliados. Todo parece de su parte. Todos los grandes personajes de la serie, a excepción de Cersei, han viajado al norte para plantarle cara a los muertos, y puede que sea la última vez que los veamos en activo. Ya sea con dos dragones, soldados y acero valyrio, los muertos son más, mucho más.

Porque aquí la astucia no ha tenido gran papel, sino puramente una batalla campal, donde el fuego y la suerte han sido decisivas para mantener con vida a muchos de los personajes. Eso sí, ha habido pérdidas, todas dolorosas a su manera. Y tal vez, le achaquemos falta de valentía a la hora de sorprendernos aún más, de hacernos más daño, porque veníamos preparados para lo peor y merecíamos un capítulo digno del final de Juego de Tronos. A mi parecer, al final, se ha quedado corto.

Cuidado a continuación, porque entran en juego los spoilers:

Bien es cierto que el capítulo nos ha traído sorpresas, agonía y mucha oscuridad. Tal vez, demasiada oscuridad, que a veces impedía observar bien qué estaba ocurriendo en escena. La muerte de, en su mayoría, personajes secundarios, ha sido una patada en nuestras expectativas. Por supuesto que no queremos que mueran los protagonistas, pero estamos preparados para que no haya un Happy Ending. De hecho, un final feliz de cuento de hadas no está a la altura de Juego de Tronos. Y es ese giro argumental decisivo el que estamos esperando. Y puede que, por eso, los últimos minutos hayan sido los más apreciados.

La batalla no ha estado mal. Ha tenido momentos memorables, como el de Lady Mormont empuñando su espada, Melissandre haciendo arder las barricadas, o Arya escondiéndose sigilosa dentro de las paredes de Invernalia, aguardando el momento idóneo para atacar. Nos ha mantenido en vilo todo el tiempo, expectantes ante la siguiente muerte. Las despedidas han sido dolorosas: la pérdida de un amigo, de un luchador y creyente, de una líder nata, de un hombre leal, y sí, de un hombre bueno. Cada uno tiene su nombre, cada uno tiene ya un altar en su memoria.

Y cuando todo parecía estar perdido. Nadie vino a salvarnos a todos. Fuera de pronóstico, la joven de los Stark alzó el puñal que le dio Bran, lo dejó caer y asestó el golpe mortal. Vítores, clamores y un panorama por descubrir. Porque no hubo casas esta noche, sino la lucha entre los vivos y los muertos.

Nadie matará al Rey de la noche. Nadie ha matado al Rey de la Noche. Ha sido épico, ha sido magistral, el golpe de efecto que necesitaba el capítulo para hacerlo memorable. Pero, ¿qué fue de Azor Ahai? ¿Y qué será de Bran ahora? Las grandes mentes pensantes aguardaban en las criptas, esperando a que llegase su momento para actuar. Ha llegado el momento de volver a jugar al Juego de Tronos, y parece que Tyrion, Varys y Sansa tienen mucho que decir. Próxima parada: Desembarco del Rey. O de la Reina.

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