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Christopher Robin: De la amarga adultez al retorno de la tierna infancia

Christopher Robin, el remake de Winnie The Pooh realizado por Disney el pasado octubre, provocó una gran expectación y despertó en nuestros corazones el tierno sentimiento de la nostalgia y la alegría de ver de nuevo a nuestro oso favorito de la infancia, cargado de optimismo, reflexión y grandes cantidades de miel en su panzón.

Winnie The Pooh, “Pooh” para los amigos, fue creado en 1926 por el escritor Alan Alexander Milne y en 1966 Disney hizo su primera película animada. En sus inicios, ya reflejaba a un oso glotón, amante de la miel, algo lento y torpón pero de gran corazón y sabiduría que no dudaba en compartir con sus amigos y ayudarles. Junto a sus compañeros del Bosque de los Cien Acres y Christopher de niño, salían las conversaciones más filosóficas y enrevesadas que cuestionaban la vida y apelaban al sentido común. El pequeño Christopher Robin siempre zanjaba esas discusiones tan alocadas e inexplicables con su memorable y cariñoso apodo “osito tontorrón” para apaciguar al oso de sus incansables reflexiones. Tan complejas, tan incomprendidas y tan ciertas.

En esta película, volvemos a ver a este positivo y reflexivo Pooh intentando otorgar un poco de sentido común a un adulto y áspero Christopher Robin (Ewan McGregor), cuyo paso de la infancia a la madurez y los años que transcurrieron después estuvieron marcados por grandes acontecimientos que lo convirtieron en una persona infeliz y volcada en su trabajo, dejando de lado lo verdaderamente importante, su familia. Durante el transcurso de la historia, Pooh y Christopher se ven envueltos en una alocada aventura en Londres para volver al Bosque de los Cien Acres para reencontrarse con sus otros amigos (Piglet, Igor, Tigger, Conejo, Búho, Cangu y Rito). Mientras, Pooh tratará de devolver la alegría que le fue arrebatada a Christopher Robin con sus recuerdos de la infancia.

Es curioso como está enfocado el filme. Por sus guiños a los duros sucesos de la vida y la madurez que conlleva, podría estar dirigido perfectamente a todos los adultos que seguimos en sus días las animaciones de Winnie The Pooh, sintiéndonos identificados con ese Christopher Robin que ya no tiene cabeza para pensar en los juegos, sino para la vida real. Sin embargo, aunque crezcamos, no debemos olvidar lo que de verdad importa, la felicidad, y no hay nada como compartir momentos junto a los que más quieres.

 

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