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Dinastía: cuando el culebrón se vuelve insufrible

Todos tenemos guilty pleasures, esas series y películas que sabemos a ciencia cierta que son terribles pero que tienen un yo no sé qué que acaba conquistándonos . Admito que empecé viendo Dinastía por pura curiosidad, una adaptación de una mítica serie que veían mis padres y que me anunciaban como una gran ficción que enganchó a la sociedad. Gossip Girl, Pretty Little Liars o Crónicas Vampíricas son un ejemplo clásico de ello, esas series que no eres capaz de abandonar por mucho que quieras. Sin embargo, todo tiene un límite.

Dinastía comenzó como un proyecto ambicioso que poco a poco se ha ido hundiendo en las profundidades de un fango de enredos del que ya no es capaz de salir. Una familia rica, un legado de gran importancia, personalidades que chocan y cientos de giros y de peleas típicas de un buen culebrón. Si en la primera temporada asistíamos a la conjunción de todos los tópicos habidos y por haber, la segunda temporada es el remate a un insufrible guion que no tiene por donde cogerse.

No, no entendemos la renovación de la ficción por una tercera temporada. Después de los cientos de cambios al final de la primera temporada, lo giros argumentales fueron aumentando a velocidad de rayo. Amores, negocios, rencillas, venganzas y mucho dinero. La alta sociedad parece tener una vida más complicada de lo que aparece. O eso se tratan de demostrarnos a través de opulencia, gastos desmesurados y excentricidad. Si hay un personaje que llama la atención por ser la reina de la escena es Fallon Carrington, que es el único motivo por el que acabamos pegados a la pantalla esperando su siguiente movimiento. Una protagonista imperfecta, egoísta pero llena de espíritu femenino y luchador. Su historia de amor ha conseguido cautivarnos ( y ese es mi guilty pleasure, a pesar de lo poco recomendable que es esta ficción).

Lo cierto es que no sabemos hacia dónde va la serie. Demasiados personajes antagonistas que caminan sin rumbo por la serie. Tramas que se repiten pero con diferentes personajes. Historias de amor que surgen tan rápidos como se esfuman. Es un no rotundo.

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Irene del Río Ver todo

Periodista cultural con alma de escritora.

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