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‘Nikolái Roerich. En busca de Shambhala’ y una muestra dedicada a la figura de Anna Ajmátova, nuevas temporales de la colección del Museo Ruso de Málaga

museo ruso
Área Cultura Málaga

La Colección del Museo Ruso presenta dos nuevas exposiciones temporales dedicadas a dos figuras fundamentales del ámbito cultural ruso. El espacio expositivo de la sala temporal acogerá la muestra Nikolái Roerich. En busca de Shambhala compuesta por 74 obras, mientras que el Espacio 3 acoge Anna Ajmátova. Poesía y vida con piezas artísticas entre lienzos, poemas, fotografías, libros y objetos que pertenecieron o están inspirados en la artista.

Las dos exposiciones han sido presentadas hoy con la presencia del alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, junto con la concejala de Cultura, Noelia Losada; el director de la Agencia Pública para la Gestión de la Casa Natal de Pablo Ruiz Picasso y otros Equipamientos Museísticos y Culturales, José María Luna; la comisaria, Evgenia Petrova; el director comercial de Málaga, Córdoba, Jaén, Campo de Gibraltar y Melilla de CaixaBank, Gerardo Cuartero y el delegado en Andalucía y Melilla y gestor territorial de la Fundación Bancaria ‘La Caixa’, Juan Carlos Barroso.

Nikolái Roerich

La exposición Nikolái Roerich. En busca de Shambhala es una selección del legado que el artista donó al Museo Ruso, compuesto por más de 424 lienzos y 126 dibujos. En esta muestra se pueden observar dos temas recurrentes en la creación de Roerich: la relación entre Oriente y Occidente y entre lo terrenal y lo cósmico. A partir de las expediciones que realiza al Himalaya entre las décadas de 1920 y 1940, Roerich recrea esos paisajes de montañas y cumbres que ahora se pueden ver en esta exposición, como son los lienzos Krishna (1938) o la serie Himalayas (1938). Anterior a sus viajes, a principios del siglo XX, los temas recurrentes para el artista tienen que ver con la historia, mitos, religión y cultura rusas, como se puede ver en la obra Ídolos (1901) o Visitantes extranjeros (1901).

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Área de Cultura de Málaga

La personalidad de Nikolái Konstantínovich Roerich (San Petersburgo, Rusia, 1874 – Kulú, India, 1947) sobrepasa el ámbito artístico para cultivar otras facetas como promotor del Pacto Roerich, que surgió como un tratado para establecer la protección de instituciones artísticas y científicas y monumentos históricos, que sirvió como base para reconocer dentro del marco legal el hecho de que la defensa de los bienes culturales tiene prioridad sobre cualquier actuación o intervención militar. Este documento fue firmado por Franklin D. Roosevelt e incorporado a los tratados de la ONU y la UNESCO en 1935.

Roerich fue un expedicionario, investigador arqueológico, escritor y figura pública. Estuvo en continuo contacto con intelectuales, científicos y artistas del panorama cultural ruso de la época. En su producción artística destacan dos épocas. La primera de ellas corresponde a los viajes que llevó a cabo junto con su esposa y en los que recorrió Rusia para contrastar los estilos arquitectónicos y el contexto histórico. Posteriormente, a principios del siglo XX, Roerich pintó su primera obra religiosa. Sus representaciones se basan principalmente en santos y leyendas de Rusia y el mundo eslavo.

La creencia en la existencia de fuerzas superiores que conviven en el espacio terrenal y que solo unos elegidos pueden percibir es el milagro o el Shambhala para Roerich. El lado místico de las experiencias vitales y la búsqueda de ese estado es lo que le lleva a trasladarse en 1920 a la India, país en el que muere en 1947. El artista mantenía contacto con líderes religiosos y ciudadanos de distintas aldeas que conocía a partir de expediciones que realizaba regularmente. A partir de la década de 1930, las representaciones del artista son básicamente montañas, salvo algunas excepciones. En estos lienzos, puede interpretarse que Roerich persigue llegar hasta el Shambhala. La exposición está compuesta por más de setenta obras pertenecientes a la colección del Museo Ruso donadas por el propio artista o sus hijos al Museo.

Anna Ajmátova

El Espacio 3 continúa en la línea marcada esta temporada de destacar la vida de las mujeres artistas. En esta ocasión, la exposición Anna Ajmátova. Poesia y vida está dedicada a una de las grandes figuras femeninas de la literatura rusa. Con un estilo propio muy marcado, Anna Ajmátova (Odesa, Ucrania, 1889 – Domodedovo, Rusia, 1966) ejercía un notable magnetismo entre sus allegados y amistades. Fue inspiración en la obra de grandes poetas y musa de artistas como Amedeo Modigliani, Natan Altman o Kuzmá Petrov-Vodkin. A través de los retratos de ella y los hombres que formaron parte de su vida, poemas, libros y objetos que pertenecieron a la artista, la muestra intentará acercarse y desvelar detalles de la vida de la gran dama de la poesía rusa.

En la exposición Anna Ajmátova. Poesía y vida se puede ver una pequeña selección de los mejores retratos hechos en vida de Anna Ajmátova , como son Retrato de Anna. Ajmátova de Natán Altman (1915), además de fotografías y poemas, tanto de Ajmátova como de otros poetas de su tiempo. Todos los retratos son obra de artistas conocidos de la primera mitad del siglo XX, como el mencionado Natán Altman o Kazimir Malévich y otros.

En su trayectoria poética se pueden distinguir dos etapas: antes y después de la Revolución de Stalin. En la primera época disfrutaba de una vida plena, en contacto con la efervescencia artística de la época. Anna Ajmátova formaba parte de los círculos más exclusivos y de su vida entran y salen grandes poetas como Mandelshtam o Gumiliov, con quien se casó muy joven, artistas como Modigliani o eruditos como su segundo marido, Vladímir Shileiko.

La segunda época de su vida está marcada por las privaciones y el sufrimiento. El fusilamiento de Gumiliov, el arresto de su tercer marido, el historiador Nikolái Punin y, más tarde, el de su hijo forjaron en ella una personalidad más madura. El estilo de Anna Ajmátova sufrió un cambio radical y de ahí surgió Réquiem, uno de los poemas fundamentales de la literatura rusa, que recoge el sufrimiento de las mujeres que día a día hacían cola para conocer el estado de sus familiares. Su personalidad y figura se ha convertido en una leyenda de resistencia y dignidad para las generaciones posteriores.

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