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Los magistrales grabados de Mariano Fortuny en la nueva exposición del Museo Thyssen de Málaga

fortuny málaga

La Sala Noble del Museo Carmen Thyssen Málaga acogerá desde hoy y hasta el próximo 2 de febrero la nueva muestra temporal Fortuny grabador, en la que se exponen los principales grabados realizados por el artista catalán en las décadas de 1860 y 1870.

En la presentación de la nueva muestra, que cuenta con la colaboración de la Fundación Cajasol, han participado el alcalde de Málaga y vicepresidente de la Fundación Palacio Villalón, Francisco de la Torre; el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido; el coleccionista y prestador Enrique Juncosa Darder y la comisaria de la muestra y directora Artísica del Museo Carmen Thyssen Málaga, Lourdes Moreno.

Esta exposición acerca al público la parte más personal y experimental de la producción artística de Mariano Fortuny (1838-1874), uno de los grandes maestros de la pintura española del siglo XIX y extraordinario grabador. A través de una treintena de grabados originales del artista, la muestra recorre todos los temas abordados por Fortuny en este género, comunes también a su pintura: escenas orientalistas (vinculadas a sus viajes a Marruecos), temas costumbristas contemporáneos y figuras de inspiración clásica, que revelan su contacto con la Antigüedad en los años en que residió en Roma.

Entre los grabados presentados, realizados con las técnicas del aguafuerte y el aguatinta y ocasionales retoques de punta seca, destacan algunas obras maestras de su producción, como Árabe velando el cadáver de su amigo(1866), Idilio (1865) y El anacoreta(1869), y piezas únicas, solamente presentes en la colección de Enrique Juncosa Darder, prestador de esta muestra, como dos pruebas de trabajo de Árabe a caballo, una de las primeras estampas realizadas por Fortuny, hacia 1861.

Algunas de estas obras tienen relación con pinturas del autor, como en el caso de Herrador marroquí, de la que se expone aquí una estampa al aguafuerte y aguatinta, y una de sus versiones pintadas en la muestra Fantasía árabe. Pintura orientalista en España (1860-1900) que se puede ver en el Museo hasta el 1 de marzo de 2020 y donde Fortuny tiene especial protagonismo.

Para Fortuny, el grabado supuso un campo de experimentación al que se dedicó de manera esporádica, pero con una minuciosidad y calidad extraordinarias. En apenas diez años de su vida, entre 1860 y 1870, concibió este conjunto heterogéneo de estampas que testimonian las investigaciones y desvelos de un pintor apasionado de su trabajo, de enorme talento y que gozó en vida de un gran éxito comercial internacional, gracias a la labor de sus marchantes extranjeros, como Adolphe Goupil, que editó sus grabados y contribuyó con ello a la difusión de la obra del reusense.

Llenas de detalles, estas estampas atrapan al espectador en la observación detenida de cada obra, de piezas cuya factura concienzuda, como recordaba su biógrafo y amigo Charles Davillier en 1875, al año siguiente de la prematura muerte del artista, consumía largas horas de la jornada del pintor, hasta bien entrada la noche, y para la que realizaba numerosas pruebas, hasta lograr el efecto deseado.

Fortuny no solo fue una figura capital de la pintura del siglo XIX español por la calidad de su obra, sino también por la influencia que ejerció en numerosos contemporáneos, con su moderna técnica pictórica, sus temas novedosos (como los orientalistas) y por su aura de gran artista, refinado, coleccionista de antigüedades, viajero por Europa y conectado con los principales compradores de arte del momento en España y el extranjero. Su contribución al campo del grabado español acrecienta esa valoración situándole en la estela de otros pintores-grabadores de primer nivel como Ribera o Goya.

Como material complementario, se incluyen en la exposición dos biografías del artista escritas en los años inmediatos a su fallecimiento por Charles Davillier y José Yxart, en 1875 y 1881 respectivamente, un dibujo preparatorio de una de sus estampas orientalistas, una prueba de artista de Maestro de ceremonias (c. 1870), entintada de manera singular, extendiendo el pigmento frotando con el mango del pincel, y dos pequeños cuadernos de apuntes que el artista utilizó para tomar rápidas notas de motivos de su interés, vistos o inventados.

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