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La Maravillosa Mrs Maisel (T3): el camino del éxito es espinoso

Entrar en el mundo de la comedia no es una tarea nada fácil, y menos para una mujer a principios de los años 60. El sueño americano sigue siendo la gran esperanza de cientos de personas, que luchan por alcanzar las grandes expectativas vitales de la sociedad estadounidense. Sin embargo, nada es color de rosa. El camino hacia el éxito es un sendero lleno de baches, piedras y alguna que otra desilusión. Y si no, que se lo cuenten a Midge Maisel, que tras tres temporadas sigue luchando por subirse a los escenarios más reputados de Nueva York, y del mundo.

No es el mejor momento de la familia Weissman. Abe ha dejado su trabajo, en busca de una nueva vocación a la que dedicarse en cuerpo y alma. Rose, preocupada por la fortuna de su familia, ve como su vida llena de opulencia en la zona más codiciada de Nueva York, se va al garete. Piso, trabajo, familia. Todo se desvanece. Y mientras Midge parece que comienza a embarcarse en un viaje lleno de éxito, vestidos y risas, Joel también decide emprender un nuevo negocio: crear su propio club. Pero, para comenzar nuevas historias, también hay que aprender a decir adiós. Para abrir una puerta, hay que cerrar otra. El divorcio es inminente, amistoso, aunque triste. ¿Cómo una pareja tan perfecta se echó a perder? ¿De verdad no hay vuelta atrás para los Maisel? Y, a pesar de todo, ella sigue llamándose así artísticamente: Señora Maisel.

La gran promesa de la música de Harlem, Shy Baldwin, parece ser la hada madrina de nuestra protagonista. Midge debe ser la telonera perfecta para el gran cantante, calentar al público y mostrar su talento. Susie ha conseguido llevar a su primera representada a lo más lejos, y ahora debe hacerlo con su principal rival, Sophie Lennon, que quiere demostrarle al mundo que está hecha para las tablas de Broadway. Los Weissman conviven con los alocados Maisel, instalados en Queens, desesperados por la actitud de sus familiares. Abe y Moishe siguen como el perro y el gato, lo que nos acaba llevando a escenarios hilarantes. Los niños crecen, aunque poco se acuerdan de ellos, y las venturas y desventuras se suceden. ¿Cómo es el modelo perfecto de familia americana? ¿Aún podrán los Maisel mantenerse en la vida de la alta sociedad?

La tercera temporada nos devuelve a ese universo mágico, donde la comedia, el amor y la excentricidad se apoderan de la pantalla y nos traslada a un mundo en el que los sueños pueden hacerse realidad. El toque de Amy Sherman-Palladino, como en las Chicas Gilmore, nos enreda en conversaciones veloces de gran intelecto. La picaresca es parte esencial de la trama, donde vemos como para alcanzar la cumbre se deben hacer pequeños pactos y artimañas para llegar a lo más lejos. La sal de la historia la ponen los personajes más imprevistos, como los feroces mafiosos italianos, que acaban conquistando al público. Y, aunque esta tercera temporada tiene verdaderos momentos estelares (la reunión de asiáticos apostando en secreto, el esperpéntico talento de Sophie Lennon o la imprescindible química con Lenny Bruce), también recae en ciertos errores clásicos del personaje, momentos predecibles que le restan a la trama y que nos sitúan de nuevo en la casilla de salida. ¿Acaso esta historia merece ya un final?

Esta temporada reflexiona sobre las relaciones, el éxito, los sueños y los nuevos comienzos. Porque, como hemos dicho antes, para abrir una puerta, hay que cerrar otra. Ya sea en el amor, ya sea en el trabajo, ya sea con lo que queremos para nuestras vidas. La fama comienza, pero no lo es todo. El dolor y las responsabilidades siguen ahí, por mucho que Miriam quiera dejarlas a un lado. Tiene hijos, tuvo un marido, tuvo el piso perfecto. ¿Se puede echar de menos una vida que se ha hecho trizas? El empoderamiento de Midge es un paso importante en la trama, no solo para ganar soltura como cómica, sino como mujer. Porque ya nada es como antes, ya no existe esa vida idílica donde todo eran asados y vestidos nuevos. Ahora quedan los nervios previos al espectáculo, las ganas de valerse por sí misma, alcanzar el mayor de los honores en la comedia. Y de paso, la temporada también trata temas polémicos para la época: la libertad de expresión, la política, el sensacionalismo, el papel de la mujer en la sociedad y la homosexualidad. Y Sherman Palladino los trata con una sensibilidad única, con un mensaje evocador.

Para la cuarta temporada nos quedan las mismas preguntas que tuvimos a comienzo de la tercera: qué será de Midge, qué ocurre con Joel, qué les pasa a los Weissman por la cabeza. Este resulta el eje sobre el cual todas las temporadas se han estado moviendo, pero…¿necesita La Maravillosa Señora Maisel un giro argumental de gran calibre? Tal vez sí.

Irene del Río Ver todo

Periodista cultural con alma de escritora.

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