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Fleabag: arrodíllate ante el ingenio de Phoebe Waller-Bridge

Sinceramente, no hay nada tan difícil como encontrar una buena comedia televisiva. Suelen caer en lo cliché, acaban tirando por el humor fácil o burdo, consiguiendo que te desintereses rápido. Por eso, nos enamora tanto cuando encontramos una comedia que nos absorbe, dándonos la oportunidad de experimentar su historia, reírnos, sentirnos identificados. ¿Qué tal una comedia dramática para hoy? Bienvenidos a Fleabag.

Phoebe Waller-Bridge, creadora de esta magnífica serie, interpreta a la protagonista, una joven de 30 años que se encuentra en momento muy complicado. La pérdida de su mejor amiga, la mala situación de su negocio y su excéntrica familia, no ayudan a tranquilizar sus pensamientos autodestructivos, que la llevan a tomar malas decisiones. En un monólogo interno, Fleabag dirige la mirada a la audiencia, revelando sus pensamientos internos y buscando complicidad en sus actos. Revela así su verdadera personalidad, sus comentarios ácidos, sus más oscuros secretos. Ya sea en amor, en sexo, negocios, familia…Fleabag no encuentra consuelo en ningún lugar, sucumbiendo bajo un torbellino de emociones y soledad. El peso del arrepentimiento le impide seguir adelante, dejando a un lado cada uno de sus sueños y expectativas.

Si bien la primera temporada nos lleva por un viaje en el que conocemos cada centímetro de Fleabag, la segunda nos lleva hacia su corazón, a una historia de amor compleja pero excitante. Ha pasado un año tras los acontecimientos de la primera temporada y, ahora, su vida ha dado un giro completo. Ha encauzado un poco más su camino, pero se ha cerrado en banda con el amor. Comienza así un camino hacia un amor imposible, pero perfecto, que le hace preguntarse quién es ella. Tal vez, su visión negativa de la vida le ha impedido disfrutar de otras oportunidades, darle un giro un poco más positivo a sus decisiones y pensamientos. La dueña de una cafetería decorada con cobayas (un mundo bastante cuco), guarda un aire dramático. Solo “El Padre” (el maravilloso Andrew Scott) sabrá echarle un vistazo a ese diálogo interno de Fleabag, ese lugar al que viaja para lanzar sus temores. Lo que necesita Fleabag es volver a creer.

El formato audiovisual es exquisito, mostrando la complicidad entre protagonista y espectadores. Esas mentiras piadosas que internamente son verdaderas algo dolientes. Esos deseos que gritan y te ponen nervioso ante situaciones decisivas, aunque tu rostro se muerte impertérrito. Somos sus verdaderos amigos, su círculo de confianza. Y la vemos cometer errores. Es adicta, miente, roba, no ve la luz al final del túnel. Pero también guarda ese tierno deseo oculto de recibir el perdón, de conseguir algo de cariño, de disfrutar del sexo sin tapujos. Es aprender a reírse de la triste y cruda realidad de la vida.

Fleabag no es buena ni mala, es humana. Se equivoca, sueña, disfruta del amor, ansía el sexo, quiere ser feliz. Un grito feminista, un ensalzamiento del yo, una búsqueda interior. Nos guste o no, todos, absolutamente todos somos como Fleabag.

 

 

 

 

Irene del Río Ver todo

Periodista cultural con alma de escritora.

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