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‘Fomo’ o las miserias de una generación

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Hace algunos años empezó a circular por las redes una palabra nueva que los entendidos utilizaban para describir esa sensación de necesitar estar conectado constantemente con todo, un miedo o necesidad que nacía ligado al auge de las redes sociales, que nos permiten estar conectados en todo momento y ver, casi en tiempo real, lo que otros usuarios están haciendo. Y bajo esta misma premisa nos introducimos en ‘Fomo: fear of missing out’, el debut cinematográfico del director húngaro, Attila Hartung.

Una película que bien puede partirse en dos partes dignas de estudio y que pueden extrapolarse a la sociedad actual. Un grupo de amigos del instituto tienen un canal de youtube bastante popular donde suelen subir imágenes retándose los unos a los otros. Las pruebas a las que se tienen que someter, cuanto más peligrosas o escabrosas, más popularidad tendrán. Todo irá a más cuando uno de los miembros del grupo, Gergö (Yorgos Goletsas) cruce todos los límites permitidos en una fiesta con Lilla (Panna László), una compañera de clase a la que acabarán violando y grabando.

Una mordaz crítica a la trivialidad de la juventud de hoy en día que se deja llevar por los ‘likes’ sin pensar realmente si sus acciones tienen consecuencias para alguien.

9a70f1faa61f30e5b639665334fed201Se inicia a partir de aquí un debate moral sobre quien es el culpable de lo que ha sucedido, que si bien, tras ver la escena, no deja lugar a dudas, durante el metraje Hartung juega a criminalizar a la víctima hasta llegar a un final inconcluso y bastante confuso donde el agresor acaba tomando consciencia y la víctima queda impasible.

El ritmo al que avanza ‘Fomo’ es enérgico, no dejando lugar al aburrimiento por la cantidad de información que está dando constantemente, no necesariamente útil, pero que sirve para encajar las piezas del puzzle y conocer mejor porque sus protagonistas se comportan de la forma que lo hacen.

Quizás lo único decepcionante de esta película europea sea su final, demasiado abrupto, dejando vacío al espectador que espera que todo termine de otra manera, dando justicia a la víctima y no dejando ese tufillo de arrepentimiento en el agresor, por el que acabas compadeciendote.

El ciberacoso o ciberbulling es, hoy en día, una de las formas de acoso más común entre los jovenes, en 2019, según una encuenta realizada por Save the Children, más de las tres cuartas partes de los jovenes encuestados en España (unos 400 en total)  han sufrido violencia através de las redes sociales.

No debemos olvidar que, ante el acoso, tolerancia cero. Lo mejor es pedir ayuda y no permanecer en silencio.

 

 

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