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Madres (T2): el espíritu añejo no encaja en la nueva era de la televisión española

Las series españolas están sufriendo un cambio de formato y concepto que les está sentando a las mil maravillas. Los productos nacionales se atreven a explorar nuevos terrenos y apuestan por historias más completas. Eso sí, mientras estas series encabezan ahora nuevas posiciones en el podio de las series, conviven con ficciones de espíritu más anticuado pero que siguen funcionando a las mil maravillas entre el público. Esto es lo que ocurre con Madres: Amor y Vida. 


La serie estrenada en mayo en Amazon Prime conseguía una segunda temporada, contando con un reparto principal encabezado por la impecable Belén Rueda. Sin embargo, algo falla en su historia. Tal y como ocurría en la primera parte, es una historia que ya hemos visto. La defensa a diestra y siniestra del papel de las madres como superheroínas dentro de la unidad familiar, la complicada vida del día a día de las familias en el hospital, los amoríos de los médicos para relajar la tensión. Tal vez sea ese aire a serie de los 90, tal vez sea que no es una novedad dentro del mercado, tal vez sea su duración eterna. Algo no encaja.


Puede que la solución hubiese sido apostar por nuevas historias, pero seguimos dándole vueltas a los mismos casos, el de Andy y Elsa. Una y otra y otra vez. Historias que deberían haber desaparecido del imaginario del telespectador tras los acontecimientos de la primera temporada. Sin embargo, ahí siguen. Madres sufridoras de hijos que continúan en la misma situación, los días pasan y la situación permanece. Si bien hay introducción de nuevos personajes, como el de Paco Tous y Jon Plazaola (tal vez la apuesta más fuerte de la temporada), el centro sigue siendo exactamente el mismo. Olivia (Aida Folch) apenas evoluciona como personaje principal. Marián (Belén Rueda) sigue desde una posición de papel protagonista que se va disipando cada vez más, alargando la internación de una hija cuyo drama se alarga agónicamente.


Con mis palabras parece que la serie no tiene remedio. Repito, como hice con la primera parte: la idea es buena. El problema es su ejecución. La duración del metraje, el enfoque que recuerda a series de los 90 y emulando en parte a Hospital Central. Tal vez, un giro de 360 grados y sin un punto de vista de “madre sufridora y mártir”, la serie nos pueda dar un enfoque más actual y rejuvenecido. Entretenida, pero le hace falta garra. 

Irene Ver todo

Soy la brújula que marca su propio destino.

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