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‘El callejón de las almas perdidas’, o la enfermedad de la sociedad actual

“Pasen ustedes y contemplen uno de los misterios insondables del universo” …  el oscuro y cruel reflejo de la sociedad que Guillermo del Toro retrata en ‘El callejón de las almas perdidas’, una película con tintes moralistas en los que se recorre hasta el rincón más escondido y oscuro del ser humano, ávido de poder a cualquier precio. Un drama redondo en el que los personajes están sentenciados desde el principio a una espiral de perversión y autodestrucción que se presenta para dejarle bien claro al espectador que no hay más que un culpable de lo que le sucede al ser humano, y es el propio ser humano.

La película está plagada de saltos al vacío donde sabes irremediablemente lo que va a ocurrir, algo lenta y densa, sin embargo, la cantidad de buenas interpretaciones y el ambiente lúgubre que rodea al metraje, consiguen levantarla. Estructuralmente está dividida en tres grandes actos en los que el personaje principal, Stan (Bradley Cooper) irá mostrando rasgos de su personalidad y de su psique con un telón de fondo circense donde conocerá a Pete (David Strathairn) y Zeena (Toni Collette), de los que aprenderá todo lo necesario para continuar su camino, no sin antes llevarse por delante a Molly (Rooney Mara), una joven y tímida feriante que verá la oportunidad de cambiar de vida. En este peculiar circo de ‘monstruos’ conocerá a Clem (el siempre genial Willem Dafoe), que le servirá de maestro de ceremonias para introducirse en el que será el hilo conductor de su vida.

Un segundo acto de una vida repleta de nuevas oportunidades para reescribir su historia, pero los pocos escrúpulos de este peculiar protagonista pesarán más y le llevará a conocer a la seductora Lillith Ritter (Cate Blanchett), con la que mantendrá unos negocios muy turbios y que desembocarán en el tercer acto: el camino hacia la destrucción.

Todo un pastel envenenado para terminar con el regusto amargo y asqueroso que del Toro plantea del ser humano que, se merece por consiguiente todo lo que pueda pasarle, a modo de castigo divino.

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