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Big Little Lies (T2): buscando la redención

Si ya apuntaba a ser un completo éxito, la miniserie de HBO ha conseguido dejarnos boquiabiertos con un final sorprendente y que nos deja con ganas de una posible tercera temporada. Tal vez, las cinco de Monterrey nos han cautivado por completo, nos han enseñado desde su debilidad a su lado más oscuro. Tras la muerte de Perry, el marido de Celeste, las chicas han vivido bajo la atenta mirada de sus vecinos, que dudan de la supuesta inocencia del grupo de madres.

La segunda temporada de Big Little Lies arranca un poco después del final de la primera temporada. La llegada de la madre del fallecido, Mary Louise, fue un torbellino doloroso y refrescante que resultó todo un acierto para la continuación de la serie. Fue el golpe necesario para hacer tambalear los cimientos de la mentira, hacer que la vida que se habían fabricado las chicas tiemble y caigan al abismo. Al final, la temporada habla de consecuencias, habla de sus defectos y de una reconciliación con ellas mismas. Todos tenemos errores, todos soportamos por el bien de otros. Pero, ¿hasta dónde somos capaces de sostener la mentira?

La magia de esta ficción radica en lo bien sopesados que están los momentos, cómo con miradas se trasmiten sensaciones. David E. Kelley volvió, esta vez con la autora de esta historia, Liane Moriarty, consiguiendo continuar la trama de la serie y seguir enganchándonos como la primera temporada. Ciertamente, se pierde un poco de esa novedad y ese guion perfecto, pero la segunda temporada puede estar orgullosa de estar a la altura de las circunstancias.

No vamos a negar que gran parte de su éxito radica en la exquisita interpretación de las protagonistas, al que se ha sumado al arrebatador talento de Meryl Streep, que se ha ganado un hueco en nuestros corazones como una digna villana. Por otro lado, no vamos a negar que Laura Dern resulta impresionante encarnando a Renata y su tormenta emocional y caída. Igualmente, Nicole Kidman y Reese Witherspoon siguen llevando el peso de la ficción, consiguiendo ese tándem perfecto formado por Celeste y Madeline.

La sororidad ha sido protagonista también de la ficción. El grupo de amigas es fuerte, lucha e intenta superarse. Tan solo tenemos que observar a Celeste, sufriendo esa “culpabilización de la víctima”, terrible e impotente ante los constantes desaires de su suegra. Estas mujeres solo buscan la redención con ellas mismas, la superación del pasado y, por qué no decirlo, la aceptación de la cruda realidad. Por que vivir con culpa, vivir una situación traumática y humillarte por el beneficio de otras personas, nunca es la solución. Todas merecen el perdón para poder seguir adelante. Ese, es el verdadero final de la cadena de mentiras.

 

 

Irene del Río Ver todo

Periodista cultural con alma de escritora.

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